05 agosto, 2007

El Mito de Susana


Fuí hijo único hasta los seis años, pero a los siete, tuve una hermana mayor y esta es nuestra historia... no estoy seguro de poder contar todo tal y como sucedió; la memoria ya juega con mi sentido común y me es difícil hilar los eventos, éste va a se un ejercicio difícil. A ver que pasa.
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1978-80: Primero la situación y las circunstancias: En el lapso de tiempo entre el kinder y el primer año de primaria estuve en tres colegios diferentes, recibí consulta psicológica (nunca fui niño modelo) y poco después de haber iniciado el primer grado de primaria en un colegio bilingüe (y religioso), de recibir reprimendas de "teachers, mistress & superiors" terminé en una escuela oficial a cinco cuadras de mi casa en la Colonia Independencia.
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1981: La escuela José Alvarado es de lo más normal, algunas de mis primas tomaban clases ahí mismo en diferentes grupos y al parecer, el cambio benefició mi desempeño ese año. Al salir al mediodía siempre llegaba alguien por mí: a veces mi papá o mi abuelo (o los dos) o unas vecinas hijas de una amiga de mi mamá (les deciamos "las cuatas" pero nunca distinguí una de la otra, ni me aprendí sus nombres) alguna vez, un niño quien también iba acompañado por su viejo padre, me señaló al salir y dijo "Mira papá, el loco!.
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Bajando las cinco calles rumbo al río Santa Catarina, justo enfrente de la casa, existía un viejo manicomio (Hoy derribado y convertido en un solitario almacén) que mi papá haya escuchado tal descripción de mí debio molestarlo.
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Al iniciar el 2do. grado hubo varios cambios: mi abuelo empeoró de salud y ya no podía pasar por mí (ninguno de los habituales tampoco) pero ya tenía suficiente confianza para hacer el recorrido por mi cuenta y llegar a tiempo para comer y escuchar algún disco.
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En contraesquina de la escuela se encuentra el Santuario de la Virgen de Guadalupe, al salir , atravezaba la calle para sentarme bajo un árbol junto a las escaleras, después de un rato, seguir mi camino a casa. Esta rutina duró un par de días hasta que apareció ella.
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No recuerdo si ya estaba ahí sentada ese día o llegó directamente a sentarse conmigo; platicamos y al momento de partir a mi casa ella siguó a mi lado, aparentemente vivía por el mismo rumbo, al llegar a mi casa se quedó conmigo mientras tocaba el timbre y bajara mi abuela para abrir la puerta... se despidió y se fué.
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Durante ese primer encuentro me dijo su nombre: Susana, (probablemente me lo dijo completo, pero ya se perdió en la memoria) cursaba el 4to grado, tenía unos ojos grandes, vivaces y claros, cabello rizado y corto alrededor de un rostro de expresión sencilla; algo nos enganchó a partir de entonces y probablemente, a primera hora del día siguiente ya estaba al pie de mi puerta esperándome para ir a clases.
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Una de nuestras costumbres era entrar al Santuario y rezar brevemente antes de seguir nuestro camino, en Diciembre, durante el festival de la Virgen, se colocaban los puestos de la feria a las orillas de las calles (ahora lo tienen prohibido) había mucho que ver en aquellos años.
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Me divertía con su plática, sabía hacerme reír (llamaba a la escuela "Rompope Alvarado") no tengo la más remota idea sobre que le platicaba pero recuerdo que nunca hubo silencio entre nosotros. Al llegar a mi casa nos apresurábamos para ver quien llegaba primero al timbre, a veces ganaba ella, a veces yo.
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En las ocaciones que no nos veíamos se me unía un compañero de clase quien a mitad del camino doblaba una esquina para llegar a su casa en una vecindad; regularmente me insistía con seguirme hasta mi casa, pero yo no se lo permitía y me detenía hasta que me aseguraba que no se regresaría a mis espaldas, aunque lo llegó a intentar.
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Eventualmente se unió a Susana y a mí; después de mandarlo a su casa una y otra vez, el niño preguntó: "Y ustedes qué son?" a lo que el creativo de yo le contestó sin vacilar: "Somos hermanos" y para demostrárselo le dije que teníamos poderes telepáticos, Susana me siguó la corriente y después de pretender que éramos telépatas por un rato, se creyó el embuste y se fué. Aunque no nos libramos de él completamente.
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A nuestro intruso amiguito le fuimos haciendo la mentira más interesante: de telépatas pasamos a brujos y nos dábamos el lujo de tener enemigos, un par de niñas mal habladas a quien llamaba "las luchadoras", por que le pegaban mucho al pobre niño-rémora.
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1982: Mi mala conducta reapareció ese año y la maestra ya estaba e jaque conmigo; harta de mandar recados que yo firmaba, de enviarme a la dirección por platicador y peleonero (además de no hacer las tareas) requirió la presencia de mis padres, pero fué Susana quien vino a mi rescate esa ocación y atendió a la maestra.
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La mentira estaba creciendo. Nunca supe si la maestra estando "tan preocupada"por mi desempeño se tomaría la molestia de revisar los archivos... o cuando llegaba el momento de pagar cuotas a la junta de mejoras: supuestamente el pago es por familia y el cargo era para el hermano "mayor", a nadie pareció importarle que yo presentara el sobre de todos modos.
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Logramos mantener a nuestro amiguito a raya, pero no a la maestra, un día al regresar de la escuela, la encontramos tomando el camión en la esquina de mi casa; en un arranque de "interés" dió con mi domicilio y fué a hablar sobre mi comportamiento con mis abuelos. Ni así se dió color sobre Susana. Recientemente mi madre calificó el proceder de esa maestra como "inocente" y "novelera", estoy de acuerdo.
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En febrero murió mi abuelo.
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No recuerdo si por esas fechas empezó a marcarse una distancia, probablemente las vacaciones y sus propias amistades hacían lo suyo: ella estaba creciendo y eventualmente perdía interés en mí... hubo un incidente, en el cual corrí para alcanzarla y tropecé con una banqueta nueva y caí sobre los adoquines en la recién construída Basílica (ver imagen al final del blog, la que parece pirámide) me abrí la piel sobre el codo lo suficiente como para aún conservar la cicatriz.
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Alguna vez llegó a mitad de la clase para platicar conmigo y llevarme lonche, los compañeros preguntaron a una de mis primas sobre ella, afortunadamente, no nos delató.
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1983: Durante el 3er grado ya no nos veíamos tan seguido como el año anterior, yo tambien estaba mostrando interés en otras cosas, me acarreaba pleitos (sobre todo con el niño que me llamó loco) corretizas y regaños casi de diario, es muy seguro que empezara a cansarse. No recuerdo bien cuando la ví por última vez: quiza rezando en el Santuario, sola, en silencio y no la saludé; otra ocación fue una noche en que ella estaba sentada en una banqueta frente a mi casa, nos vimos y le dije "eyt" y ella respondío igual, para seguir platicando con una amiga que le acompañaba, o tal vez cuando entró a sexto grado, fué cuando noté que se estaba volviendo mujer. Lo único cierto es que jamás hubo un adiós.
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Cuál fué la verdad detrás de todo eso? Acaso alguien le encomendó cuidarme? La maestra sabía la verdad y por eso fué hasta mi casa? Alguien le pidió que se alejara? Me quiso y algo o alguien (probablemente yo mismo) le impedía decirmelo? Hoy por hoy, la cicatriz en mi brazo es el único recuerdo que tengo de su paso por mi niñez.
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2002: Cuando aprendí a desarrollar pàginas de internet, firmaba su realización como "Susana Nieto" en honor a ella, incluso hice una cuenta a su nombre (que recibe puro spam, pero ahí está), recientemente he regresado a la colonia Independencia y he recorrido las calles donde me imaginaba que ella vivía... sólo hay abandono y estacionamientos, ni siquiera casas, si alguna vez estuvo ahí, se fué mucho antes que yo.
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Debido al pseudónimo en lás pàginas de internet, dos ó tres personas llegaron a preguntarme por ella y les he contado esta historia... eso es lo más que ha perdurado el mito, desde entonces no he vuelto a usar ese nombre.
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No ha pasado un día que no recuerde, donde quiera que estés, gracias.

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